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Científicos mexicanos y españoles destacan importancia de los remolinos oceánicos

remolinos oceanicosLos remolinos oceánicos hacen emerger de las profundidades nutrientes imprescindibles para que proliferen las microalgas y el plancton, que constituyen la base de la cadena alimentaria en el mar, convirtiendo así en oasis de vida enormes extensiones de agua.

Desde hace años, diversos estudios revelaron que cerca del 70 por ciento de la superficie de los océanos la conforman aguas pobres en nutrientes, que en algunos puntos concretos del planeta son regularmente enriquecidas por los grandes afloramientos costeros de aguas profundas, como los que se conocen en las márgenes orientales del Atlántico (Canarias y Namibia) y el Pacífico (California y Perú).

Pero ahora, científicos mexicanos y españoles comprobaron la vital importancia que tienen los remolinos oceánicos para la vida marina, a través de un trabajo de investigación conjunta entre el Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCG) de la Universidad de Las Palmas, de Gran Canaria, España, y del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE), Baja California, México.

En El Hesperides estudiaron los remolinos oceanicosLas conclusiones del estudio se publicaron este mes de junio en las revistas “Journal of Physical Oceanography” y “Deep-Sea Research part I”, en las que se destacan los resultados de la expedición que iniciaron en septiembre de 2014 en el buque de investigación oceanográfica Hespérides, embarcación en la que analizaron a detalle el comportamiento de los grandes remolinos oceánicos que se forman al sur de las Islas Canarias.

Esa zona del Atlántico es conocida, entre otros motivos, por albergar uno de los grandes “corredores de remolinos” que existen en el hemisferio norte, generados, básicamente, por el enorme obstáculo que representan en medio del mar las Islas Canarias para las corrientes marinas y los vientos dominantes, conocidos como Vientos Alisios.

Allí, El Hespérides logró localizar y estudiar en detalle un remolino anticiclónico (con giro en sentido de las agujas del reloj) de 96 kilómetros de diámetro y 500 metros de profundidad, que se había formado unos cuatro meses antes al sur de Tenerife.

Los autores de estos dos artículos, cuya primera firmante es en ambos casos Bárbara Barceló-Llull, del IOCG, consiguieron medir en detalle todas las características de ese fenómeno natural, que hacía girar unos mil 400 kilómetros cúbicos de agua (mil 400 billones de litros) a un ritmo medio de una vuelta completa cada cuatro días.

De acuerdo a la científica, los equipos embarcados en El Hespérides documentaron, además, cómo el movimiento del remolino alteraba varios parámetros del agua respecto al resto del océano (la temperatura y la salinidad, entre otros), pero, sobre todo, consiguieron medir por primera vez la velocidad a la que circula en vertical el agua en este tipo de fenómenos, que se observan en varios lugares del mundo.

Precisó que “la velocidad vertical es muy importante, porque hace emerger nutrientes hacia la superficie, donde hay luz y se desencadena toda la actividad biológica, con las implicaciones que eso tiene, por ejemplo, para la pesca”.

La comprobación que este equipo de oceanógrafos ha realizado en ese remolino rebate, además, algo que solía darse por hecho: que los grandes giros anticiclónicos hunden agua de la superficie hacia las profundidades, con lo que, en teoría, no favorecen la vida.

remolinos oceanicosSin embargo, los científicos mexicanos y españoles no sólo comprobaron que en la parte exterior del remolino había concentraciones de clorofila muy superiores al del resto del entorno (un claro indicador de que se había activado la fotosíntesis), sino que además pudieron averiguar cuál era el mecanismo que lo producía.

Los autores explican que detectaron que en el centro de este remolino apenas se desplazaba el agua en vertical, pero en la zona periférica existían “células” que movían agua en los dos sentidos: unas la hundían a un promedio de 6.4 metros por día y otras hacían aflorar a una velocidad algo inferior, de 3.4 metros por día, los nutrientes de las capas profundas, que luego eran repartidos rápidamente en horizontal por el resto de la superficie.

Finalmente, Bárbara Barceló-Llull aseguró que la conclusión de esta investigación conjunta es que los remolinos oceánicos “son puntos calientes para la vida y hacen emerger nutrientes, lo que resulta muy importante para que exista actividad biológica en zonas de mar abierto, en puntos del océano que de otra forma serían desiertos”.

Redacción: foroambiental.com.mx

(Con parte de información de EFE)

Imágenes: Internet

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